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El embarazo y sus aspectos psicológicos

El embarazo y sus aspectos psicológicos

El embarazo es un periodo en el que la mujer experimenta una serie de cambios en los que al mismo tiempo sufre unas manifestaciones psíquicas de esos cambios, modifica la imagen que tiene sobre sí misma y la entrelaza con ciertas representaciones. Esto tiene ciertos efectos psicológicos.

Al principio de la gestación surge la hipersomnia, haciendo que la mujer embarazada sienta que necesita dormir más tiempo del habitual. Esto, desde el punto de vista de la psicología, corresponde a la identificación con el feto que se da en la mujer, en la que en cierta manera ella es el hijo y necesita de su propia madre. Al mismo tiempo, necesita también recrear y revisar antiguos recuerdos y afectos para poderse adaptar a esta nueva etapa de su vida y conectar con el bebé que lleva dentro. Este es un proceso que lleva un tiempo.

Este es también un tiempo de reflexión en el que la mujer va desarrollando su modelo de ser madre, ya que en la actualidad las madres son diferentes de “las madres de antes”. Y también los padres, que ahora muestran más sus sentimientos, su afecto y su ternura. Esto, y el hecho de que actualmente participen más en el embarazo, el parto y el placer de la paternidad, es importante, ya que también para el padre este es un periodo de prueba y no debe sentirse excluido o dejado de lado por el hecho de que su pareja ahora esté “ocupada” por una pequeña vida que crece en su interior.

Algunos problemas físicos como la somnolencia, el malestar o las náuseas al principio del embarazo son la señal de que algo nuevo está pasando. No todos los embarazos son iguales, no todas las mujeres quieren ser madres y no todos los hijos son deseados. Igual que cada persona es un mundo, cada gestación también lo es, y muchas veces estos cambios son difíciles de manejar.

La llegada de un bebé es algo que afecta a toda la familia. Por un lado, la vida es complicada en la actualidad. Por otro, si no se trata del primero hijo que tiene la pareja el padre debe ocuparse más de los otros hijos. Y, por su parte, la mujer tiene que pensar qué hará tras el parto (sea o no su primer hijo) para poder llevar su maternidad, la familia, el trabajo y la relación con su pareja al mismo tiempo que no se olvida de sí misma.

Durante el segundo trimestre, que es cuando se forma la placenta, la mujer ya se va acostumbrando al embarazo y al mismo tiempo empieza a notarse la “barriguita”. Al mismo tiempo, sentir los movimientos del feto hace que la comunicación con su futuro bebé empiece a intensificarse, y el pequeño empieza a ocupar un lugar en la familia.

La proximidad del parto, que comienza al llegar al tercer trimestre, hace que la preparación tanto física como psicológica sean importantes para que se pueda llevar el parto de la mejor manera posible y, así, disfrutar de la maternidad y evitar la depresión post parto. Para eso, algunos consejos pueden ayudar a obtener mejores resultados:

  • Acudir en pareja a la preparación para el parto y, por supuesto, que en el parto esté presente el padre.
  • Sentirse segura tanto en el parto como en el puerperio, sabiendo qué hacer y a quién recurrir.
  • Tener algunos conocimientos de lactancia materna y, a ser posible, de puericultura.
  • Planificar las actividades fuera de casa teniendo en cuenta el vínculo con el bebé.
  • Poder compartir los temores, las preocupaciones y las ansiedades.

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