Causas de la ansiedad durante el embarazo y cómo combatirla
La maternidad siempre viene acompañada de cambios. La preocupación por el desarrollo del bebé, preparar el hogar para el nuevo hijo… Todo ello puede causar ansiedad. Y es importante conocer tanto sus causas como la manera de combatirla.
Causas de la ansiedad
- El trabajo es una de las principales causas de la ansiedad. Y cuando llega un embarazo, seguir el ritmo puede resultar más difícil. No poder hacerlo todo a tiempo puede generar estrés.
- Compaginar la vida familiar y laboral no es sencillo, y puede contribuir a sufrir nerviosismo, sobre todo si hay niños a los que atender.
- Los cambios que provoca el propio embarazo y la responsabilidad que conlleva la futura maternidad también pueden afectar. Además, los cambios a nivel hormonal pueden provocar inestabilidad emocional y cambios en el sueño, que también aumentan el estrés.
- Otros factores de la propia vida en pareja, como son las crisis de pareja, una mudanza o los problemas financieros también influyen en el nerviosismo y la tensión.
Cómo luchar contra ella
- Relajarse. Cuando aparece la ansiedad, es mejor tomarnos un tiempo para nosotros mismos. Escuchar música, leer, pasar tiempo con un hobby o ver una película pueden ayudarnos a reducir el estrés.
- Hacer ejercicio. El yoga o la natación son actividades que resultan de mucha ayuda durante un embarazo. El ejercicio nos desconecta de los problemas y preocupaciones, y nos conecta con nuestro propio cuerpo.
- Dar un paseo. Siempre viene muy bien como ejercicio una agradable caminata, ya sea en soledad o acompañados. Y es algo que puede hacerse en cualquier parte, ya sea en un parque cerca de casa con amigos o la pareja, o en una zona tranquila de una cuidad o un pueblo.
- Expresar los sentimientos. Son muchas las ocasiones en que dejamos los miedos e inquietudes dentro de nosotros, acumulándose, y llega un día en el que salen todos de golpe. Lo mejor es sacarlos fuera expresándolos, hablando de ellos o incluso llorando. Cuando lloramos, dejamos salir muchas emociones y sentimientos que teníamos interiorizados, y por eso muy a menudo sentimos desahogo después de llorar.
